Alguna vez hablaré de la
influencia que tuvieron mis viejos en mi historia musical. Hoy, como génesis de
este blog evoco aquel disco (mi primer CD) que ellos me regalaron para mi
cumpleaños de diez. Desconozco de dónde habré sacado la ocurrencia de que
quería un disco de León Gieco, ni qué canción habré escuchado previamente, pero
hoy lo valoro como el obsequio más lindo e influyente que haya recibido en la
vida.
Recuerdo esas primeras largas
horas, replicadas durante años, enfrente al centro musical de casa escuchándolo
una y otra vez. También la ayuda de ellos a entender las letras y el contexto
que se citaban.
Un par de años faltarían para mi
revolución, pero ese fue el momento en que empezó a gestarse esta ovejita verde
que tienen como primogénito.
Respecto al disco: Una perla concebida
para el sonido Compact Disc. Un León Gieco plasmando algunas de mejores
canciones, adentrándose en el rap o la polka con el sonido folklórico-andino siempre presente
entre samplers y sintes. Las manos deducibles de Guillermo Vadalá y de Jaime
Torres, con la asistencia local del infaltable Mario Breuer y la perdurable asociación con Luis Gurevich hacen redondo un disco para la antología de la música nacional.